Sora 2 UN SOLO CORAZÓN Familia Serge Varela Verso I Josefina y Eduardo, dos robles de inmenso amor, levantaron un hogar bendecido con trabajo, fe, valores y honor. De sus manos florecieron Edua, Josefina, Fausto y Jorge, Álvaro, Nando, Viola e Ítala, Guillo, Toño y Mary Y Dios puso en el camino a Cielo, nuestra hermana, quien nos acogió, defendió y nos regaló siempre su amor. Somos ramas de un mismo árbol, un solo corazón. Coro Late, late el corazón Serge Varela, una sola sangre, una sola familia. Con Cristo al frente y la Virgen María, caminamos unidos toda la vida. Somos hormiguitas trabajadoras, crecimos sembrando amor. Nuestra mayor herencia es la unión del corazón. Verso II También hubo manos generosas que nos enseñaron a caminar. Bole, Pula, Estela y Conchita sembraron amor, valores y unión. Reyes, Ramón y Queno con su ejemplo enseñaron el respeto y la honestidad engrandecen la familia. Dios regaló a nuestra madre otra familia para amar: la tía Augusta, Nico y Ramo, que la recibieron como una hija demostrando que la familia también nace del corazón. Verso III El árbol siguió creciendo Claudia, Verónica, Nery, Eldis, Fausto, Eduardo, Álvaro, Gustavo, Martha, Lina, Steven, Melissa, Gleison, Daniel Genesis Jesús y Andrés, Después florecieron Sofía, Diana, Mary, Carolina, Samuel, Santiago, Gaby y Santiago, Lía, Jeremy, Josúa, Mía, Miguel, Abrail, Elian, Jor, Isaías, Shayra, Jael, Emma, Samuel y Antonella, la primera flor de la cuarta generación. Gracias a quienes unieron su vida a nuestros hermanos, porque llegaron sembrando amor, hicieron suyas nuestras costumbres, abrazaron los valores regalandonos nuevos retoños, haciendo crecer este hermoso árbol familiar. Verso IV Entre porros, salsa y las canciones de Diomedes, alegrábamos cada reunión como si el tiempo se detuviera. Entre mazamorra de maíz, guandules, asados y las chepas nunca podían faltar. Las risas llenaban la casa, las anécdotas se multiplicaban, y una que otra lágrima, después de alguna borrachera, terminaba siempre en un abrazo. Cuando el Gordo partió, "Mi Hermano y Yo" se convirtió en nuestro himno, recordándonos que el amor nunca conoce la despedida. Algunos emprendieron nuevos caminos, llevando con orgullo el apellido Serge más allá de las fronteras. Con trabajo, humildad y valores aprendidos en este nido de amor, dejaron en alto el nombre de la familia. Ni la distancia, la política, las creencias religiosas, no han logrado dividirnos. Porque nuestro hogar fue construido sobre la roca firme del amor. Antes que cualquier diferencia... Somos familia. Y eso será siempre lo más importante. Hoy, Dios permitio volver a reunirnos para abrazarnos como antes y recordar con amor a quienes ya partieron. Aunque sus sillas esten vacías, siguen compartiendo nuestra mesa, viven en las historias, fotografías, canciones y para siempre... en nuestro corazón. Coro Final Late, late el corazón Serge Varela, una historia escrita por Dios. Con la Virgen María, seguiremos caminando con amor y esperanza. Porque la mayor herencia no fueron los bienes materiales, fue la fe, el respeto, la honestidad, la unión, la fraternidad y el amor de familia. Mientras exista un Serge Varela... latirá un solo corazón.